viernes, 1 de enero de 2010

Templo de Júpiter Óptimo Máximo


Vista del foro romano y el templo de Júpiter Optimus Máximus sobre el Capitolio en un grabado del siglo XIX. Es el templo que se ve al fondo, elevado.


El templo de Júpiter Óptimo Máximo, constantemente recomendado por los patricios a la veneración del pueblo, duró mucho tiempo, pues no fue reconstruido hasta Sila (año de Roma 671); fue reformado por Vespasiano y rehecho por Domiciano. Dionisio de Halicarnaso dice que, después de la restauración de Sila, medía doscientos pies romanos de largo y ciento ochenta y cinco de ancho; la fachada daba al sur, hacia el Tíber. Este edificio les debía de parecer de un tamaño inmenso a los romanos de los primeros siglos, cuyas casas consistían en una sola habitación que recibía luz por un pequeño hueco abierto sobre la puerta. Yo he visto aún esta manera de construir en la isla de Ischia.

Lo mismo que los napolitanos de hoy, los romanos pasaban la vida al aire libre. El templo de Júpiter estaba probablemente rodeado, al norte y al poniente, por un precipicio de diez o doce toesas, lo cual le hacía fácil de defender. La fachada estaba constituida por un pórtico de tres filas de columnas; un pórtico semejante, pero apoyado en una sola hilera de columnas, dominaba los otros tres lados y servía de protección contra los ardores del sol y contra la lluvia; allí se reunía la gente como se reúnen nuestros campesinos el domingo en el pórtico de la iglesia parroquial.

Ante este templo, centro de la religión y de la grandeza de los romanos, iban los generales vencedores a hacer un sacrificio en acción de gracias por su victoria. En esto radica el triunfo, ceremonia que introdujo la emulación entre los patricios e impidió a estos aristócratas caer en la pereza, como los de Venecia. El triunfo introducía habitualmente en el gobierno de Roma el gran elemento del gobierno representativo, la opinión pública.

El templo de Júpiter Óptimo Máximo, existía aún en toda su integridad en tiempos del emperador Honorio, el año 400 de nuestra era. La Iglesia de Roma contaba ya una larga serie de papas. ¿Cuál había sido su política con respecto al templo más venerado de Italia? Estilicón lo despojó de una parte de sus ornamentos. Genserico, en el año 455, se llevó la mitad de las tejas de bronce que lo cubrían. No obstante, este celebre templo existía aún en tiempos de Carlomagno, por el año 800. Pero en el siglo XI se encuentra de pronto en la historia que está completamente en ruinas. ¿Qué fuerza derribó tantas columnas¿ ¿Por qué razón no se quiso transformar, mediante una ceremonia expiatoria, un templo pagano en iglesia cristiana? Era acaso demasiado célebre y demasiado amado por el pueblo.

Lo escribe nuestro autor el 1 de enero de 1828. En las páginas 171 a 173.

La imagen está tomada del blog Mujeres de Roma .



1 comentario:

Allegra García dijo...

Interesante blog. Cuando se leen relatos de viajes y especialmente descripciones de obras de arte se echa en falta una imagen que complemente el texto.

Un saludo