sábado 6 de junio de 2009

Éxtasis de Santa Teresa, de Bernini


Santa Teresa está representada en el éxtasis del amor divino; es la expresión más viva y la más natural. Un ángel con una flecha en la mano parece descubrirle le pecho para clavársela en el corazón. La mira con un gesto tranquilo y sonriendo. ¡Qué divino arte, qué voluptuosidad! Nuestro buen fraile, creyendo que no lo entendíamos, nos explicaba este grupo. "E un gran peccato -acabó por decir- que estas estatuas puedan sugerir fácilmente la idea de un amor profano".

Es la cita de nuestro autor sobre esta obra de Bernini en la página 234 de la edición que seguimos.

lunes 4 de mayo de 2009

Anunciación de la Virgen, por Barocci

"El Juicio Final de Miguel Ángel ocupa la pared del fondo de la Capilla Sixtina, tan grande como una iglesia. Los días de capilla papal, se clava, tapando este fresco, un trozo de tapiz que representa la Anunciación de la Virgen por Barocci; delante de este tapiz está el altar. Seguramente en Francia no ocurre nada tan bárbaro."



Página 478 de la edición que nos acompaña.

domingo 29 de marzo de 2009

Obelisco de San Pedro

"El hombre que más cosas nos enseña sobre la Antigüedad porque, en lugar de hacer frases como Cicerón, cuenta las cosas escuetamente, Plinio, nos dice que Nuncoreo, rey de Egipto, hizo levantar en la ciudad de Heliópolis el obelisco que está en San Pedro. Calígula lo mandó trasladar a Roma, y fue colocado en el circo de Nerón, en el Vaticano. Constantino construyó su basílica de San Pedro en una parte del emplazamiento de este circo; pero, hasta 1556, el obelisco permaneció, cosa extraordinaria, en el lugar donde lo había puesto Calígula, o sea en el sitio donde está hoy la sacristía de San Pedro, construida por Pío VI.

En 1586, casi un siglo antes de la construcción de la columnata, Sixto V hizo colocar el obelisco donde está actualmente. Este traslado, que costó doscientos mil francos, fue realizado por el arquitecto Fontana, por medio de un mecanismo admirable que, en nuestros días, nadie podría inventar, ni acaso imitar. A finales de la Edad Media fueron transportados incluso campanarios a una distancia de sesenta u ochenta pasos del lugar que ocupaban antes. El obelisco del Vaticano mide setenta y seis pies de alto y ocho en su parte más ancha. La cruz que lo remata está a ciento veintiséis pies del suelo. Este obelisco no tiene jeroglíficos; no es el más grande de Roma, pero algunas personas lo consideran el más curioso, porque, como nunca fue derribado, se conserva en toda su integridad."

Palabras de Stendhal, en la página 112 de nuestra edición.

domingo 22 de febrero de 2009

El Profeta Isaías, de Rafael


Hablando de la iglesia de San Agustín, en Roma:

”La mayor parte de los extranjeros desdeñan todos estos cuadros para ir corriendo al tercer pilar de la derecha en la nave principal. Aquí está El Profeta Isaías, fresco de Rafael; es lo más parecido a Miguel Ángel que ha hecho este gran hombre. Comparado con sus otras obras, El Profeta Isaías es como la Atalía, de Racine, comparada con Fedra o Ifigenia; Rafael no ha hecho nada más grandioso que esta figura asilada; es de 1511, dice Vasari.


La iglesia de San Agustín está en el camino de la Via Condotti a San Pedro; os invito a entrar en ella a menudo y contemplar este fresco de Rafael en estado de ánimo distintos; es el único medio de conservar una idea diferente del estilo de un cuadro célebre.”


(Dicho por Stendhal en la página 367 de la edición de Alianza Editorial de 2007. Procedencia de la imagen: Historiadelartemgm.)

sábado 14 de febrero de 2009

Perseo, de Canova

"Al bajar el primer piso se encuentra la puerta del inmenso Museo Pío Clementino. Es obra de Clemente XIV y de Pío VI. Monseñor Braschi lo comenzó cuando era ministro de Finanzas, tesoriere, y le dio un gran impulso cuando subió al trono. Aquí están el Apolo de Belvedere, el Torso, el Laocoonte, el Perseo y los Atletas de Canova, la menos buena de sus obras. El Perseo es, en cambio, muy bonito; gusta a las mujeres mucho más que el Apolo; es una figura del estilo de San Miguel de los capuchinos de la plaza Barberini."

(página 201)

domingo 8 de febrero de 2009

La basílica de Constantino

"25 de enero de 1828

Avanzando unos pasos hacia el Coliseo, le impresiona al viajero la vista de tres bóvedas de ladrillos colocadas a gran altura; se cree que pertenecen a la Basílica de Constantino. En la época de mis primeros viajes a Roma, esta singular ruina era llamada todavía el Templo de la Paz. El estilo de los fragmentos de escultura que aquí se ven muestra aún la decadencia del arte que anuncia el siglo de Diocleciano. De aquí se saca la conclusión de que estas inmensas bóvedas de ladrillo son un resto de la basílica construida por Majencio, y a la que Constantino dio su nombre cuando hubo matado a Majencio.

Los tres grandes arcos que vemos ocupan toda la longitud de la nave a la derecha de la entrada; sobre los pilares de estos arcos aparecen todavía fragmentos de cornisas de mármol: la bóveda de la nave estaba sostenida por ocho grandes columnas de cuarenta y cuatro pies de altura y diecinueve de circunferencia. Una de estas columnas estaba en pie aquí hacia 1610, y Paulo V (Borghese) la mandó poner en medio de la Plaza de Santa María la Mayor, donde le cayó un rayo cuando el simpático De Broses estaba en Roma (1740).

Las excavaciones ordenadas por Napoleón descubrieron el pavimento de este monumento; es de mármol amarillo antiguo, de mármol violeta y de mármol cipolino. Se ha reconocido que esta basílica había servido de iglesia en la Edad Media; probablemente este título la preservó de los frecuentes saqueos, pero sería destruida en alguna incursión de los bárbaros. Este vasto edificio medía trescientos dos pies de largo por doscientos dos de ancho. Las bóvedas así, sobre nuestras cabezas, servían de capillas a la derecha entrando en la iglesia."

Lo dice nuestro autor en la página 185 de la edición susodicha.

domingo 25 de enero de 2009

Magdalena (Guido Reni)

Guido es emocionante por sus cabezas de mujeres bellas mirando al Cielo que llamamos Magdalenas. Decía con entusiasmo: “Tengo doscientas maneras diferentes de hacer mirar al Cielo a unos ojos bellos”.

(Página 91)