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martes, 18 de febrero de 2014

Mausoleo de Pío VII (18 de febrero de 1829)


 Mausoleo de Pío VII (Imagen procedente de Wikimedia)

Los cardenales llegan en tropel. El rey de Baviera ha ido a ver el mausoleo de Pío VII, en casa de M. Thorvaldsen. Este mausoleo está dispuesto justamente en el momento conveniente. León XII va a ser colocado encima de una puerta, cerca de la capilla del coro, en San Pedro, donde reemplazará al buen Pío VII. Los restos de este papa los depositarán en el subterráneo de San Pedro, hasta el momento en que sean colocados en los cimientos del mausoleo. Ya sabéis que es el cardenal Consalvi el que, en su testamento, ha dispuesto que su señor tuviera una tumba. Pasados los nueve días de los funerales solemnes, el Estado no hace nada aquí por un papa muerto. Se habla ya de León XII como si hubiera fallecido hace veinte años.

El cardenal Albani no quiere admitir en San Pedro la tumba de Pío VII que acaba de terminar Thorvaldsen. La razón es que Thorvaldsen es un hereje.

Al rey de Baviera le han gustado tanto las tres estatuas destinadas el monumento de Pío VII, que ha condecorado en el acto a M . Thorvaldsen con la cruz de comendador de su orden. Este nuevo honor no da resultado en Roma; dicen que el artista es un falso infeliz y un gran diplomático. Acaso en esto es la envidia la que habla; M. Thorvaldsen tiene ocho o diez condecoraciones. Como yo no admiro apenas sus obras, no he intentado que me presenten a él. […]

18 de febrero de 1829, páginas 496 y 497.

domingo, 22 de diciembre de 2013

22 de diciembre de 1848 (Bonchamps)


  Charles de Bonchamps, por P.J. David

Esta mañana hemos visto muchas estatuas modernas que pretenden representar héroes o supuestos héroes muertos hace años.

Nada de todo esto se aproxima al Bonchamps de M. David. En la iglesia de la pequeña ciudad de Saint-Florent, en Vendée, el marqués de Bonchamps, herido de muerte, está representado en su tumba en el momento en que ordena perdonar la vida a cinco mil soldados republicanos que acaban de ser hechos prisioneros en la batalla de Cholet. La herida del héroe ha permitido a M. David representarle medio desnudo. Nada más sencillo, más verídico,y, por consiguiente, nada más impresionante que esta estatua, de tamaño mayor que el natural. Está en la misma iglesia donde fueron encerrados los cinco mil prisioneros de guerra salvados por la palabra de Bonchamps.

En los bustos de la escultura moderna en Italia hay algo de blando y de bobo; véase el busto de lord Byron por M. Thorvaldsen; véanse los bustos reunidos en el Capitolio, en lo que ellos llaman la Protomoteca, a la derecha yendo a la plaza. No hemos visto nada, no diré superior, pero ni siquiera comparable a los bustos de MM. De Béranger, Chateaubriand, La Fayette, Grégoire, Rouget de Lisie, Rossini, por M. David. […]

Imagen procedente de: Wikipedia.

Escrito por nuestro autor el 22 diciembre 1828.

Pp. 474-5 de la edición mentada.

domingo, 24 de febrero de 2013

Obelisco de San Juan de Letrán


"Sería una lástima dejar San Juan de Letrán sin echar una ojeada al obelisco; es el más grande que se conoce: mide noventa y nueve pies sin la base y el pedestal. Thutmosis, rey de Egipto, se lo dedicó al Sol en esa ciudad de Tebas sobre la cual los sabios cuentan tan bonitos cuentos.

Constantino había hecho embarcar este obelisco en el Nilo; su hijo Constancio lo hizo transportar de Alejandría a Roma. Los egipcios poseían el arte de transportar fardos enormes y de abrir inmensos templos en las rocas; éste es su único mérito, mérito de tiranos que saben sacar provecho de sus esclavos.

Habiendo sido destruido por un incendio en el Palacio deLetrán, Sixto V lo hizo reconstruir. El arquitecto fue Fontana; éste colocó aquí ese bello obelisco que, roto en tres pedazos, yacía en el suelo en medio del gran circo. Amiano Marcelino habla de este obelisco, cuya cruz está a ciento cuarenta y tres pies del suelo; hubiera sido preferible volverlo a erigir en la plaza donde lo había puesto Constancio. Esta última manera de restaurar los monumentos antiguos volverá a ponerse de moda cuando mande la generación de 1800."

Es lo que escribe Sthendal el  5 julio 1828, en las páginas 351 y 352.

Fografía de AndrewRm tomada de Wikimedia Commons.

miércoles, 30 de mayo de 2012

Arco de Tito



Este pequeño arco de triunfo tan bonito fue elevado en honor de Tito, hijo del emperador Vespasiano, queriendo inmortalizar la conquista de Jerusalén. No tiene más que un arco. Después del Arco del Triunfo de Druso, cerca de la puerta de San Sebastián, es éste el más antiguo de los que quedan en Roma; fue el más elegante en la época fatal en que lo reconstruyó Valadier.



Este hombre es arquitecto y romano de nacimiento a pesar de su nombre francés. En lugar de sostener el Arco de Tito, que amenazaba ruina, con armaduras de hierro o con un arbotante de ladrillo completamente distinto del monumento mismo, este desgraciado lo reconstruyó. Tuvo la osadía de tallar bloques de piedra de la forma de los antiguos y ponerlos en lugar de éstos, que fueron trasladados no sé adónde. Solo nos queda, pues, una copia del Arco de Tito.

Verdad es que esta copia está situada en el mimo lugar donde estaba el arco antiguo, y los bajorrelieves que decoran el interior de la puerta fueron conservados. Esta infamia se cometió en el reinado de Pío VII; pero este príncipe, ya muy viejo, creyó que no se trataba más que de una restauración corriente, y el cardenal Consalvi no pudo resistir al partido retrógrado, que protegía, según dicen, a Valadier.

Afortunadamente, el monumento que lloramos era enteramente análogo a los arcos de triunfo elevados en honor de Trajano en Ancona y en Benevento.

Los bajorrelieves del Arco de Tito son de un trabajo excelente y que no recuerda en absoluto el acabado de la miniatura como los del Arco del Carrousel. Uno de estos relieves representa a Tito en su carro triunfal tirado por cuatro caballos; está rodeado de sus lictores, seguido de su ejército y protegido por el genio del Senado. Detrás del emperador, una Victoria coloca con la mano derecha una corona sobre su cabeza, y en  la izquierda tiene una rama de palmera alusiva a Judea. 


El bajorrelieve de enfrente es más característico; se ven en él los despojos del Templo de Jerusalén llevados en triunfo: el candelabro de oro de siete brazos, la caja que contenía los libros sagrados, la mesa de oro, etc. Las pequeñas figuras del friso completaban la explicación del monumento. Todavía se ve la estatua yacente del Jordán, río de Judea, llevada por dos hombres.



Este arco estaba adornado en sus dos fachadas por cuatro columnas compuestas estriadas, que sostenían una cornisa sumamente rica. Algunos dilettanti consideran estas Victorias en bajorrelieve como las más bellas que existen en Roma. Se supone que este arco fue elevado a Tito por Trajano, que, con su modestia acostumbrada, no aparece nombrado en la inscripción que se ve en la parte antigua, hacia el Coliseo. La copio por su brevedad y su noble sencillez:




S.P.Q.R.

DIVO TITO DIVI VESPASIANI F.

VESPASIANO AUGUSTO




El calificativo de divo aplicado a Tito revela que este monumento fue elevado después de su muerte. En el centro de la bóveda de la puerta, se ve la figura de este gran hombre vistiendo la toga; está sentado sobre un águila.

Este monumento encantador no mide más de veinticinco pies y medio de alto, veintiuno de ancho y catorce pies de espesor. Las superficies exteriores eran de mármol pentélico; en ciertas partes del interior emplearon la piedra de Tívoli. Ya sabéis que por este arco pasaba la Via Sacra.


Es lo que escribe nuestro autor el 30 de mayo de 1828 (páginas 270 y ss. de la edición utilizada)




sábado, 7 de noviembre de 2009

Pietà (Piedad) vaticana

Finalmente llegamos a la capilla de la Pietà, así llamada porque está sobre el altar el famoso grupo de Miguel Ángel: la Virgen sosteniendo en sus rodillas el cuerpo muerto de su Hijo. Este grupo es de mármol.

En esta bella lengua italiana, se llama una Pietà (una Piedad), por antonomasia, a la representación de la escena más conmovedora de la religión cristiana. Miguel Ángel hizo esta obra maestra para el cardenal de Villiers, abad de Saint-Denis y embajador de Carlos VIII cerca del papa Alejandro VI.

Es parte del relato de nuestro autor correspondiente al día 24 de noviembre de 1827. Se encuentra en la página 134 de la edición que venimos manejando.


Procedencia de la imagen: Partecipiamo

martes, 29 de septiembre de 2009

El ángel de Castel Sant' Angelo

El carcelero de Castel Sant’ Angelo nos ha hecho notar varios estrechos pasadizos en el espesor del muro de esta inmensa masa redonda. Quizá los antiguos colocaron aquí tumbas, o bien servían de comunicación entre los diversos pisos. Aquí tomó Inocencio XI la urna de pórfido que guarda sus restos en San Juan de Letrán. Por orden de Paulo III, fue adornado con pinturas y estucos el pórtico situado hacia el lado del campo. Este papa, queriendo justificar el nombre de esta fortaleza, hizo poner en lo alto del edificio una estatua de mármol representado un ángel con una espada desnuda en la mano. Esta obra de Raffaelle da Montelupo fue reemplazada, en tiempos de Benedicto XIV, por una estatua de bronce que inspiró esta bella respuesta a un oficial francés sitiado en dicho fuerte durantes nuestras guerras de Italia: “Me rendiré cuando el ángel meta su espada en la vaina”.

Este ángel tiene el aire cándido de una muchacha de dieciocho años. Y está deseando meter la espada en la vaina.

Esta estatua es del flamenco Wanschefeld….

Es lo que escribe nuestro autor el 1 de junio de 1828, en la página 279 de nuestra edición.

Autor de la imagen: Flanker


domingo, 6 de septiembre de 2009

Tumba de Clemente XIII (Canova)

“Carlo Rezzonico, Clemente XIII, es más conocido por los extranjeros que ningún otro papa. Debe su gloria a su tumba, obra maestra de Canova. Clemente XIII sucedió, el 6 de julio de 1758, al inmortal Lambertini; tuvo buenas intenciones sin ningún talento. Esto no lo reconocen los jesuitas, que tomaron bajo su protección la memoria de este papa porque en el momento en que la compañía acababa de ser proscrita en Portugal y en Francia, Clemente XIII confirmó todos sus privilegios en la bula Apostolicam; en ella hace el elogio más pomposo de los servicios que los buenos padres han hecho a la Iglesia. (Las bulas no tienen títulos y se designan con la primera palabra del texto.)

Lorenzo Ganganelli, que tomó el nombre de Clemente XIV, sucedió en 1769 a Clemente XIII…”

Palabras de Stendhal en la página 431 de la edición que nos acompaña.

miércoles, 26 de agosto de 2009

Tumba de Urbano VIII

"La tumba de Urbano VIII, colocada frente a la de Paulo III en San Pedro es, como habéis visto, una obra maestra del mal gusto. Es del caballero Bernini, que trabajó mucho para este Papa, así como el famoso pintor Pietro da Cortona, cuya obra más grande está en el palacio Barberini."

Stendhal, Paseos por Roma, pág. 427

sábado, 6 de junio de 2009

Éxtasis de Santa Teresa, de Bernini


Santa Teresa está representada en el éxtasis del amor divino; es la expresión más viva y la más natural. Un ángel con una flecha en la mano parece descubrirle le pecho para clavársela en el corazón. La mira con un gesto tranquilo y sonriendo. ¡Qué divino arte, qué voluptuosidad! Nuestro buen fraile, creyendo que no lo entendíamos, nos explicaba este grupo. "E un gran peccato -acabó por decir- que estas estatuas puedan sugerir fácilmente la idea de un amor profano".

Es la cita de nuestro autor sobre esta obra de Bernini en la página 234 de la edición que seguimos.

sábado, 14 de febrero de 2009

Perseo, de Canova

"Al bajar el primer piso se encuentra la puerta del inmenso Museo Pío Clementino. Es obra de Clemente XIV y de Pío VI. Monseñor Braschi lo comenzó cuando era ministro de Finanzas, tesoriere, y le dio un gran impulso cuando subió al trono. Aquí están el Apolo de Belvedere, el Torso, el Laocoonte, el Perseo y los Atletas de Canova, la menos buena de sus obras. El Perseo es, en cambio, muy bonito; gusta a las mujeres mucho más que el Apolo; es una figura del estilo de San Miguel de los capuchinos de la plaza Barberini."

(página 201)