lunes, 4 de mayo de 2009

Anunciación de la Virgen, por Barocci

"El Juicio Final de Miguel Ángel ocupa la pared del fondo de la Capilla Sixtina, tan grande como una iglesia. Los días de capilla papal, se clava, tapando este fresco, un trozo de tapiz que representa la Anunciación de la Virgen por Barocci; delante de este tapiz está el altar. Seguramente en Francia no ocurre nada tan bárbaro."



Página 478 de la edición que nos acompaña.

domingo, 29 de marzo de 2009

Obelisco de San Pedro

"El hombre que más cosas nos enseña sobre la Antigüedad porque, en lugar de hacer frases como Cicerón, cuenta las cosas escuetamente, Plinio, nos dice que Nuncoreo, rey de Egipto, hizo levantar en la ciudad de Heliópolis el obelisco que está en San Pedro. Calígula lo mandó trasladar a Roma, y fue colocado en el circo de Nerón, en el Vaticano. Constantino construyó su basílica de San Pedro en una parte del emplazamiento de este circo; pero, hasta 1556, el obelisco permaneció, cosa extraordinaria, en el lugar donde lo había puesto Calígula, o sea en el sitio donde está hoy la sacristía de San Pedro, construida por Pío VI.

En 1586, casi un siglo antes de la construcción de la columnata, Sixto V hizo colocar el obelisco donde está actualmente. Este traslado, que costó doscientos mil francos, fue realizado por el arquitecto Fontana, por medio de un mecanismo admirable que, en nuestros días, nadie podría inventar, ni acaso imitar. A finales de la Edad Media fueron transportados incluso campanarios a una distancia de sesenta u ochenta pasos del lugar que ocupaban antes. El obelisco del Vaticano mide setenta y seis pies de alto y ocho en su parte más ancha. La cruz que lo remata está a ciento veintiséis pies del suelo. Este obelisco no tiene jeroglíficos; no es el más grande de Roma, pero algunas personas lo consideran el más curioso, porque, como nunca fue derribado, se conserva en toda su integridad."

Palabras de Stendhal, en la página 112 de nuestra edición.

domingo, 22 de febrero de 2009

El Profeta Isaías, de Rafael


Hablando de la iglesia de San Agustín, en Roma:

”La mayor parte de los extranjeros desdeñan todos estos cuadros para ir corriendo al tercer pilar de la derecha en la nave principal. Aquí está El Profeta Isaías, fresco de Rafael; es lo más parecido a Miguel Ángel que ha hecho este gran hombre. Comparado con sus otras obras, El Profeta Isaías es como la Atalía, de Racine, comparada con Fedra o Ifigenia; Rafael no ha hecho nada más grandioso que esta figura asilada; es de 1511, dice Vasari.


La iglesia de San Agustín está en el camino de la Via Condotti a San Pedro; os invito a entrar en ella a menudo y contemplar este fresco de Rafael en estado de ánimo distintos; es el único medio de conservar una idea diferente del estilo de un cuadro célebre.”


(Dicho por Stendhal en la página 367 de la edición de Alianza Editorial de 2007. Procedencia de la imagen: Historiadelartemgm.)

sábado, 14 de febrero de 2009

Perseo, de Canova

"Al bajar el primer piso se encuentra la puerta del inmenso Museo Pío Clementino. Es obra de Clemente XIV y de Pío VI. Monseñor Braschi lo comenzó cuando era ministro de Finanzas, tesoriere, y le dio un gran impulso cuando subió al trono. Aquí están el Apolo de Belvedere, el Torso, el Laocoonte, el Perseo y los Atletas de Canova, la menos buena de sus obras. El Perseo es, en cambio, muy bonito; gusta a las mujeres mucho más que el Apolo; es una figura del estilo de San Miguel de los capuchinos de la plaza Barberini."

(página 201)

domingo, 8 de febrero de 2009

La basílica de Constantino

"25 de enero de 1828

Avanzando unos pasos hacia el Coliseo, le impresiona al viajero la vista de tres bóvedas de ladrillos colocadas a gran altura; se cree que pertenecen a la Basílica de Constantino. En la época de mis primeros viajes a Roma, esta singular ruina era llamada todavía el Templo de la Paz. El estilo de los fragmentos de escultura que aquí se ven muestra aún la decadencia del arte que anuncia el siglo de Diocleciano. De aquí se saca la conclusión de que estas inmensas bóvedas de ladrillo son un resto de la basílica construida por Majencio, y a la que Constantino dio su nombre cuando hubo matado a Majencio.

Los tres grandes arcos que vemos ocupan toda la longitud de la nave a la derecha de la entrada; sobre los pilares de estos arcos aparecen todavía fragmentos de cornisas de mármol: la bóveda de la nave estaba sostenida por ocho grandes columnas de cuarenta y cuatro pies de altura y diecinueve de circunferencia. Una de estas columnas estaba en pie aquí hacia 1610, y Paulo V (Borghese) la mandó poner en medio de la Plaza de Santa María la Mayor, donde le cayó un rayo cuando el simpático De Broses estaba en Roma (1740).

Las excavaciones ordenadas por Napoleón descubrieron el pavimento de este monumento; es de mármol amarillo antiguo, de mármol violeta y de mármol cipolino. Se ha reconocido que esta basílica había servido de iglesia en la Edad Media; probablemente este título la preservó de los frecuentes saqueos, pero sería destruida en alguna incursión de los bárbaros. Este vasto edificio medía trescientos dos pies de largo por doscientos dos de ancho. Las bóvedas así, sobre nuestras cabezas, servían de capillas a la derecha entrando en la iglesia."

Lo dice nuestro autor en la página 185 de la edición susodicha.

domingo, 25 de enero de 2009

Magdalena (Guido Reni)

Guido es emocionante por sus cabezas de mujeres bellas mirando al Cielo que llamamos Magdalenas. Decía con entusiasmo: “Tengo doscientas maneras diferentes de hacer mirar al Cielo a unos ojos bellos”.

(Página 91)

lunes, 19 de enero de 2009

Arco de Septimio Severo

[…] Luego volvimos al Arco de Septimio Severo, que se encuentra al bajar del Capitolio.

Ante este monumento, se comprende bien la perfecta razón que regía el espíritu de los antiguos: puede decirse que en ellos lo bello era siempre una consecuencia de lo útil. Lo que impresiona primero en el Arco de Septimio Severo es la larga inscripción destinada a llevar la historia de sus proezas a la posteridad más remota. Y esta historia ha llegado a ella en efecto.

Fue en el año 205 de la era cristiana cuando el Senado y el pueblo de Roma elevaron este arco de triunfo en honor de Septimio Severo, de Caracalla y de Geta, hijos suyos, por las victorias obtenidas sobre los partos y otras naciones bárbaras de Oriente. Este arco es de mármol pentélico, con tres puertas como el de la Plaza del Carrousel. Está decorado con ocho columnas estriadas, de orden composito; los bajorrelieves son ya de una escultura mediocre e indican la decadencia. Al final de la tercera línea de la inscripción, y en toda la cuarta, se ve que el mármol ha sido alterado. Cuando Caracalla hubo matado a su hermano Geta, mandó borrar su nombre de todos los monumentos y reemplazarlo con palabras que no formaban parte de la inscripción primitiva. Una pequeña escalera de mármol, practicada en el interior de uno de los pilares, conduce a la plataforma, donde se veían en otro templo las estatuas de Septimio Severo y de sus hijos Caracalla y Geta, sentados en un carro de bronce enganchado a cuatro caballos de frente. Rodeaban el carro cuatro soldados, dos a caballo y dos a pie. En 1803, el papa Pío VII mandó quitar la tierra que ocultaba y conservaba este monumento hasta la altura de doce pies.

(Es lo que escribe Stendhal el 10 de enero, en la página 178 de nuestro libro).